Un hombre vital y enamorado de una causa

Panegírico de Celestino Sánchez pronunciadas por Manuel Moreno en el tanatorio de Sabadell el día 14 de julio de 2025.
Queridos amigos y amigas,
Queremos empezar agradeciendo vuestra presencia en este acto, por acompañarnos en esta ocasión para despedirnos de Celes. Para arropar, como mejor podamos, a su familia, porque son momentos de mucho dolor.
Dejadme disculparme por adelantado si mezclo lo colectivo con lo individual, se me hace muy difícil hablar de Celes en pasado y más como un maestro de ceremonias al uso. También lo traigo escrito porque si improviso se me anuda la garganta y no puedo seguir.
Celes, nos ha permitido ir, poco a poco, haciéndonos a la idea de su marcha y por lo tanto hablar y recordar todo tipo de anécdotas de vida y sobre todo anécdotas de lucha.
Este acto en sí era uno de sus particulares combates, nos alentaba a recuperar las ceremonias civiles para todo tipo de actos de nuestra vida, nacimientos, bodas y entierros. Rescatarlas de manos de las religiones y supersticiones varias.
Se hartó de casar a gente y también de acompañarlas en las despedidas como la que ahora nos toca hacer para él. Con una sonrisa socarrona, que todos conocéis, disfrutaba de tocar los cataplines (una de sus palabras favoritas) a todo lo establecido.
No se sabe si era así porque era comunista o era comunista porque era así, en cualquier caso, fue una simbiosis que alimentó a la persona y al comunista. El ejemplo que mamó en su casa desde pequeño le hizo militar desde muy joven en el partido comunista. Con 17 años ya era militante de la Juventud comunista y sufría su primera detención, junto a su padre que se llamaba Manuel Sánchez, pero que era más conocido como Marín.
En esta detención se produce una de las anécdotas que más explicaba: cuando él, en la cárcel Modelo de Barcelona, se negaba a cambiarse de ropa y su padre le insistía en que debía hacerlo. Después de varios encontronazos, el padre logró imponerse y descubrió que Celes no se quitaba la camisa porque la tenía pegada al cuerpo, unida a la sangre y a la piel magullada por la paliza tan tremenda que le había propinado la policía y no quería que su padre lo viese.
Fue una pieza clave del movimiento obrero y la lucha antifranquista en el Vallès. Nos contaba que de joven incluso llegó a ser okupa en el marco de la lucha por la vivienda. Con los años sería dirigente del PSUC y, recién estrenada la democracia, diputado al Parlament de Catalunya en dos ocasiones. Fue muy crítico con cómo se resolvió la Transición, sin ruptura, con los Pactos de la Moncloa y la desmovilización popular. Esto le llevará a jugar un papel destacado en los debates del V Congreso del PSUC, y, tras la expulsión, impulsar la fundación del Partit dels i les Comunistes de Catalunya, del cual fue miembro de su dirección durante décadas. También fue regidor del Ajuntament de Barberà del Vallés por EUIA, Esquerra Unida i Alternativa, siendo teniente de alcalde de participación ciudadana. Le tocó hacer prácticamente de todo.
Otra situación -no tan conocida- que compartía en la intimidad era cuando la dirección del partido, viéndolo un poco díscolo pese a su potencial, le envió a Rumanía para su instrucción política y militar. El asunto era hacerle comulgar con el eurocomunismo. Contaba que regresó más de derechas que supermán, pero que se le pasó pronto. La cabra tiraba al monte y su compromiso era con las luchas de su gente.
Ante los dilemas que se presentan a menudo en la actividad política, y que pueden acabar llevándote a sitios muy extraños y perderte en las politiquerías, le gustaba aplicar el criterio que aprendió de Josep Serradell Román: Això en què beneficia al poble?. Los compromisos…sin ilusiones…haciéndose valer para hacerlos valer: a Dios rogando y con el mazo dando, decía. Y siempre el espíritu unitario para acumular fuerzas, avanzar y conquistar derechos en la perspectiva del socialismo.
Es muy difícil enumerar todos los espacios que fue ocupando porque para él la política no era una profesión, era la expresión de su lucha, la herramienta que le permitía trabajar para su clase en el tiempo que le tocó vivir, intentar desde lo más más pequeño a lo más universal cambiar de base.
Nada de lo humano le era ajeno. La lucha se hacía en el barrio, en la fábrica, en la ciudad, en el Estado… era universal: por eso involucraba a la gente más cercana pero también a los vietnamitas, a los palestinos, a los cubanos o a cualquier otro pueblo que el imperialismo atacase: la lucha por la paz siempre estuvo en el centro de sus preocupaciones.
Y de lo universal a lo más cercano y concreto: su amor por el Vallès y, sobre todo, por Barberà donde se sintió por fin en casa y dedicó largos años de esfuerzo. De niño, cuando llegó a Sabadell le impresionaron las condiciones de vida tan precarias y se sentía especialmente orgulloso de haber contribuido en la conquista de una vida digna para los vecinos y vecinas del Vallès. Hasta el final
Vivió la política con pasión y siempre creyó que había que aplicar toda la voluntad para poder cambiar las cosas, fue un hombre vital y enamorado de una causa que marcó toda su vida. Realmente el amor empujaba todas sus acciones y los que trabajábamos con él notábamos ese amor que revolucionaba las cosas. Si te lo proponías todo era posible: las ideas organizaban, lo primero era planteárselo. No había nada que perder. Luego ya llegaría “el tío de las rebajas”
Esta forma de ver el mundo y la lucha le llevó a ser profundamente crítico con la forma de abordar el último ciclo político por parte de las izquierdas existentes y se implicó en el movimiento del 15M. Impulsó iaioflautas para los que organizó casi un centenar de “travesuras”, como él llamaba a las acciones que se llevaban a cabo. Conectaba así la generación que luchó por la ruptura democrática con la dictadura y los jóvenes que señalaban los límites del régimen del 78 y reclamaban una democracia real.
Vio en el movimiento por la autodeterminación de Catalunya una avanzada de este movimiento democratizador y un revulsivo para esta situación de asfixia de la clase trabajadora. Un movimiento que podía poner en jaque al sistema y se comprometió con él.
En los últimos años, desvinculado de la militancia partidaria, se ilusionó con el Casal Popular Tangram de Barberá, al que veía como un lugar donde experimentar relaciones al margen del capitalismo.
Bueno, los que habéis seguido las andanzas de Celes estaréis viendo que he pasado por alto una de sus actividades en las que estuvo también muchos años. Su responsabilidad como presidente de la Fundació Pere Ardiaca.
La he dejado para lo último porque en esta actividad trabajé constantemente a su lado. Habíamos coincidido en muchas ocasiones, pero nunca con esa intensidad. Fueron años de una actividad rabiosa que situó a la Fundació como una entidad de primera línea a la que había que tener en cuenta en casi todas las actividades. Celes siempre dispuesto, siempre en marcha, animándonos cuando las cosas no salían y si aun así todo fallaba pues nos invitaba a su terraza y desplegaba una maleta de artilugios y con la calma nos preparaba un mojito que nunca le rechazábamos y comenzaba una nueva tanda de retos, de actos, que con el ron aceptábamos, pero que al día siguiente no los podíamos olvidar y finalmente debíamos llevar a cabo.
Dejadme terminar con una de sus citas favoritas, aunque él no era mucho de andar con citas. Se trata de un párrafo del libro de Julius Fucik:
“Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla. Hombres: os he amado y he sido feliz cuando han correspondido a mi amor, y he sufrido cuando no me habéis entendido (…) Que la tristeza jamás se una a mi nombre. He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza.”
Aquí dejamos esta despedida, que nunca lo será del todo, y agradeceros de nuevo en nombre de la família vuestra presencia y vuestro apoyo.
El mayor homenaje que le podemos hacer a Celes, es, SEGUIR CON LA BATALLA
Gracias
